Expedicion de nuestros socios: Bernardo Durán, Franco Rodríguez y Emiliano Soria Mansilla
Relato escrito por Emiliano Soria Mansilla.
Marzo 2025
Este relato es largo, fue mi retorno a la alta montaña tras 6 años y amerita un poco de introduccion.
Después de determinar que este año me iba a dedicar más a la montaña que a la escalada, y luego de compartir en enero con Franco y Bernardo, sobre todo escaladas deportivas, comenzaron a aparecer en nuestras charlas fanáticas de montaña y escalada, algunos proyectos para este año. Los nevados del Aconquija eran un destino fijo, yo quería volver ahí después de años, franco quería coronar el Tesoro donde no pudo hacer cumbre el año pasado y Bernardo siempre quiere ir a la montaña, a cualquier montaña, a escalar, a caminar, a lo que sea… pero además de eso, conoce y mucho los nevados. Se planteó rápidamente que en el fin de semana largo del 24 de marzo se podía armar una expedición a este pico de los nevados cuya cumbre no conocía ninguno de los tres.
Yo venía con un buen entrenamiento de base (mucho [mucho] trekking y escalada) pero no cargaba peso ni caminaba arriba de los 5000 hace años… Nos enteramos que Flor Zalazar iba a los nevados en este mismo fin de semana con el Clavillo como objetivo y planificamos un ascenso al refugio del Bayo los cuatro para aclimatar la semana previa. En lo personal fue mi mejor experiencia subiendo al refugio, salió todo bien en esta salida de aclimatación. Durante la semana nos reunimos en el club para estudiar la montaña, plantear el recorrido, campamentos, comidas y determinar el equipamiento básico que íbamos a necesitar. Fue entonces que se determinó que la ruta conocida para ascender al Tesoro desde la estancia El Tesoro era muy larga y que podíamos partir desde Buey Muerto como se hace en las expediciones al Clavillo y desviarnos hacia el norte después del campamento 1, instalando un campamento 2 en el circo del Filo Áspero para ascender al Tesoro por el filo Sudoeste. Esta planificación tenía como enemigo al tiempo, ya que, al tener 3 días para la expedición, el día lunes deberíamos ascender desde el campamento 2 a la cumbre, bajar, desarmar campamento, retornar a Buey Muerto y luego manejar hasta Tucumán. Insano. Teníamos que trabajar el martes y para eso necesitábamos llegar vivos. Entonces Franco se despojó con la idea de hacer un campamento único, más arriba del campamento 1 habitual de esta ruta, y desde allí atacar la cumbre en el segundo día, y retornar más frescos hasta el auto el lunes, que además tenía pronóstico de mal tiempo. Básicamente: Darlo todo el sábado y el domingo para volver tranquilos el lunes. Fue una excelente idea y se continuó la planificación de la ruta con esta estructura.
Carpa de alta montaña, marmita y radios del club y todo listo para salir el viernes por la siesta hasta buey muerto. Empezando ahora si esta expedición.
Dia 1 (viernes 21): Salimos de nuestros respectivos trabajos y nos juntamos a almorzar en casa de Bernardo para salir desde ahí a Buey Muerto. Son 6 horas de viaje hasta esta finca recóndita en la ladera catamarqueña de los nevados, y salimos medio tarde por lo que llegamos de noche, 10 minutos después del equipo de chicas del club que intentó el Clavillo. Al llegar nos dimos con una inesperada multitud en la estancia, celebrando a la Virgen del Valle con música, comida y oraciones. Nos alejamos del puesto e instalamos nuestro campamento cerca de un corral, comimos un pantagruélico asado y nos fuimos a dormir sin preparar nada para el día siguiente, era tarde.
Día 2 (sábado 22): Arrastrando el atraso del día viernes, comenzamos nuestro lento desayuno, preparación de mochilas, equipo y comidas para comenzar a caminar lo antes posible porque sabíamos que, de acuerdo a nuestra planificación, el primer día íbamos a caminar entre 9 y 10 horas y la luz del día nos acompañaría hasta las 20:00 aproximadamente. Aun sabiendo todo esto, comenzamos a caminar a las 10:30 de la mañana.
Decidimos encarar la montaña por un filo que no es el tradicional (Loma de la aspereza) pero lo elegimos por ser más directo y no tener tantas espinas en la senda, su problema era un peñón de rocas a los 3900 metros que Franco y Santi M.E. habían tenido que sortear en su última expedición al Clavillo caminando más tiempo y ascendiendo para luego descender al campamento 1. No queríamos caminar demás, por lo que encaramos el peñón buscando un paso que no nos haga perder altura ni nos haga caminar demás. Bernardo con su conocimiento de la montaña y siguiendo lo aprendido de las hermanas Escudero, encontró un paso entre las rocas que nos ayudó a seguir nuestro camino sin tener que bajar más adelante, ascendiendo hasta los 4200 msnm para mantener luego esta cota hasta el campamento único.
El día fue tan largo como esperábamos, caminamos horas y horas manteniendo nuestra cota, observamos Guanacos y Tarucas (!!!) y nos separamos de las chicas al llegar a un arroyo donde ellas debían encarar para el Este y nosotros cruzarlo hacia el Norte. Pero al llegar a donde pensábamos instalar nuestro campamento nos encontramos una pendiente muy pronunciada y un suelo muy rocoso, que debimos superar con algunos pasos de escalada para encontrar que más adelante, la pendiente seguía siendo muy pronunciada y no se podía armar campamento por lo que continuamos subiendo al lado del arroyo. A las 20:30 con la noche encima, una nube entrando por la quebrada y sin lugar de acampe empecé a ver muy difícil el ataque a la cumbre del día siguiente. Pero a fuerza de mucha voluntad el Ingeniero Duran encontró un revolcadero de guanacos y tras acondicionarlo removiendo piedras a patadas, conseguimos armar nuestra carpa a las 21:30, 350 metros más arriba de lo planificado, alejados del agua, en una pendiente demasiado incómoda, muy cansados y con frío. El cansancio acumulado de las 11 horas de caminata nos durmió sin cenar.
Día 3 (domingo 23): Pese al cansancio absoluto del día anterior, éramos conscientes de que habíamos ganado altura y estábamos más cerca de la cumbre, entonces nos despertamos con optimismo. La distancia a la cumbre no era mucha, pero teníamos que subir 2 acarreos de rocas para montarnos en el filo y seguirlo hasta la cumbre. Desayunamos las sobras de asado que no cenamos la noche anterior, un café y nuevamente comenzamos a caminar a las 10:30 calculando que a más tardar, debíamos estar en la cumbre a las 16:00.
En medio del enorme circo glaciar, ascendiendo por glaciares de rocas, encaramos los acarreos de frente, por el medio, donde las rocas más grandes brindan mayor seguridad a cada paso y se convierten en verdaderas escaleras por donde subimos más rápido de lo esperado. Así alcanzamos el temeroso filo a las 12:10 aproximadamente y chequeamos que aún no habíamos alcanzado la cota de los 5000 m, nos quedaba entonces un desnivel de 460 m a recorrer por un pedregoso filo de 1,3 km aproximadamente (pendiente promedio de 34%).
El filo merece un párrafo aparte, no hay descripción ni fotos que demuestren la dificultad que presentó esta arista de rocas que se eleva entre dos enormes circos glaciares. De frente, entre nosotros y la cumbre: peñones verticales de roca solida; hacia los costados: abismos de acarreos finos que llegaban hasta los fondos de los circos. Bordear estos peñones por el norte significaba quemar piernas y mucho tiempo en el acarreo suelto, por el sur era una caída al abismo; la única manera de sortearlos era escalándolos de frente, por el medio. Exigiendo capacidades atléticas y técnicas de escalada en roca, pero sin equipamiento de seguridad ni pédulas para facilitar esta tarea, encarar cada peñón fue un pegue (en la jerga de la escalada: un intento a una vía). El estado de concentración necesario era absoluto, no hay tal margen de error: pisar una roca suelta o sin la firmeza necesaria, sujetar con las manos el bloque equivocado, podía provocar un pequeño derrumbe o una caída, y no podíamos darnos el lujo de caer y volver a intentar como en la escalada deportiva… Así sorteamos los primeros 3 grandes obstáculos del filo siguiendo a Bernardo que encontraba en cada uno de ellos un paso, escalando y caminando sobre ellos hasta darnos contra el siguiente. Tras estos primeros 3 pegues de roca y más roca recorridos en poco más de una hora, Franco nos dijo unas palabras que no esperábamos escuchar “Yo no sigo”.
Nos detuvimos a tomar un café caliente (un lujo), descansar un poco y analizar las posibilidades, veníamos bastante bien, pero Franco tuvo la enorme humildad de reconocer sus limitaciones técnicas: “yo no escalo como ustedes, sigan, ustedes si van a llegar”. Ni Bernardo ni yo estábamos seguros de eso, la incertidumbre y las ganas de atravesar ese filo de una vez por todas y llegar a la nieve eran lo único que teníamos, pero decidimos continuar subiendo hasta las 15 hs, mientras Franco retornaba de manera segura al campamento descendiendo por un acarreo suelto.
De allí en adelante la pendiente era cada vez más pronunciada y los sucesivos peñones estaban cada vez más juntos, pero la nieve se veía cerca. “Mono, si va” decía Bernardo al llegar a cada roca gigante que sorteamos hasta llegar a la bendita nieve donde descansamos, hidratamos y nos colocamos los crampones. A partir de ahí todo diferente, no más escalada, ahora había que patear nieve dura, clavar bastones y seguir. En un cierto punto la pendiente era pronunciada y la nieve muy fina y dura (casi una capa de hielo sobre el acarreo) y cada paso exigía dos respiraciones por encontrarnos a 5300m. En ese momento yo estaba casi rendido, no sabíamos cuánto faltaba y ya eran las 15:00… pero repentinamente, mientras yo pensaba cómo se iba a tomar el Perro mi decisión de no continuar estando ya tan cerca, un quiebre en la pendiente nos colocó en un suave filo cubierto de nieve más blanda y profunda, a 200 metros de distancia y 50 de desnivel de la cumbre. A esta altura y a esta hora el viento ya soplaba en ráfagas mas fuertes y las nubes que vimos abajo desde temprano comenzaron a alcanzarnos, pero ya estábamos ahí… Rompevientos y filo nevado hasta la cumbre, que alcanzamos a las 15:35.
Emotiva como toda cumbre, pero cargada de un éxtasis incomparable por haber superado ese filo tan áspero, la sensación de haber logrado algo que sabíamos difícil y llegó a parecer imposible fue única, me sentía invencible en ese momento. Dato no menor encontrar restos de madera y una pirca en la cumbre, no había libro de cumbre ni encontramos ningún mensaje escrito, tampoco teníamos papel y lápiz para dejar nuestro testimonio así que, tras unos breves momentos de alegría, fotos y videos, emprendimos la bajada por una canaleta de nieve que habíamos señalado como “salida de emergencia” mientras subíamos.
Bajando al campamento la adrenalina se difuminó y me pegó la puna, al llegar a la carpa me encontraba bastante descompuesto, pero nada que un Tafirol (o dos) no resuelvan en 15 minutos. Más café caliente y Franco con una sonrisa nos felicitó por nuestra cumbre, a lo que contestamos que fue más importante el filo. Comimos toda la tarde y noche, lo que no habíamos cenado la noche anterior mas lo de ese día.
Día 4 (lunes 24): Necesitábamos arrancar temprano para llegar a Buey muerto a mediodía, no pasó. De nuevo dormimos muy incómodos y la mañana estaba helada, asi que, tras desarmar con calma emprendimos la bajada a las 9:40. Nos encontramos a las chicas en el mismo lugar donde nos separamos el sábado, por el filo del frente, pero no nos juntamos hasta que ellas descendieron de la cota de 4300 que iban siguiendo y nos contaron de su expedición. Retornamos juntos hasta buey muerto, donde nos bañamos en el río antes de subir a la camioneta y nos dirijimos a un bar en Santa María para calmar hambres y sedes. Posteriormente, eterna ruta hasta casa.
A modo de cierre y reflexiones personales, volver a los Nevados del Aconquija siempre me emociona, es subir a lo más alto de la provincia y me encanta, aunque se suba desde Catamarca. Los nevados son una verdadera escuela de alta montaña, no hay sendas, se caminan muchos kilómetros y se asciende a más de 5000 metros. Desafíos todos ellos, pero yo estaba “aburrido” de subir montañas pateando piedritas, caminando y caminando por días largos… Esta vez decidimos exigirnos un poco más, confiar en nuestras capacidades de animales de montaña que somos (yo el menos experimentado de los 3) y por eso la ruta directa que elegimos fue tan emocionante, ¡hicimos algo que no hace nadie!
“¡Muy Alpino!” decíamos y yo pensaba que en los Alpes no hay tales alturas, “¡Andino entonces!” pero en los andes centrales hay nieve a esas alturas, no hay que escalar y patear acarreos a 5000 y pico… Nevadosdelaconquijismo puro fue lo que hicimos, días de 10 horas, con calor, sin senda, por acarreos y bloques de roca, con nieve y viento, peleando a todas las dificultades de esta montaña sin saber siquiera si alguien pudo subir por ese filo antes! Sigo extasiado por lo logrado.
Tengo palabras de admiración y agradecimientos totales a Bernardo y Franco. El Perro Bernardo es el animal más capacitado que conozco en este ambiente, optimista irracional de la montaña que encuentra la manera de subir siempre y además, de motivarte a seguir cuando las dudas te dicen que no lo hagas; insólitamente nunca habíamos hecho alta montaña juntos pese a conocernos en los cerros desde adolescentes y de escalar y trekinear juntos durante los últimos 7 años, fue una emoción muy grande compartir esta montaña con él, realmente inspira este loco.
A Franco lo conozco hace muchísimo menos, pero es una persona hermosa que inspira confianza inmediatamente, el poco tiempo compartido en el club y en la montaña me hicieron pensar en él como compañero de montaña de acá hasta quien sabe cuándo. La tranquilidad con la que se maneja en la montaña es algo a replicar, tambien optimista y alegre siempre, me motivó a volver a la montaña y me encantó compartir con él; además de esto aplaudo su humildad y sinceridad por encima del ego y el deseo de hacer esa cumbre.
Uno se siente fuerte cuando forma un equipo con tipos así de capaces y motivados, y así se disfrutan mucho estas aventuras que surgen y se materializan en la Asociación Argentina de Montaña, donde se encuentran estos locos 3 veces por semana a entrenar y proyectar más escaladas.







