Travesía Nevados del Aconquija (El Tesoro – La Ciudacita – Portal Cochuna) del 24 al 29 de mayo de 2022

Por nuestros compañeros: María Cavagna, Adrián Toledo, Ibonne Tucznio, Juan Manuel Rodríguez, Rosario Palomares, Fernando Carrizo, Rubén Goñi, Martín Alderete, Ulises Kusnezov, Hernán Wilszczuk, Emiliano Soria Mansilla y José Ignacio Monmany

    El martes 10 de mayo trabajando en mi escritorio veo a las 10:20 h un mensaje de Rubén Goñi que me preguntaba si me interesaría ser parte de una expedición que salía de El Tesoro (Catamarca) pasando por la Ciudacita hasta el Portal Cochuna (Tucumán). Respondí inmediatamente que si, a lo que me pidió confirmación hasta el viernes. Al instante le contesté ¡te confirmo ya!  No hay mucho que pensar. La certidumbre era férrea porque la propuesta era mucho más grande de lo que esperaba de una salida. Mi primera travesía por los Nevados del Aconquija, mi primera visita al sitio arqueológico La Ciudacita, mi primera caminata de 5 días. Esta experiencia sería una catapulta al próximo nivel de mi trayectoria como montañista. Así que en menos de 3 minutos me aseguré de ser miembro de esta gran aventura a través de los Nevados del Aconquija.

    La particularidad de esta expedición es que se consiguió un permiso especial del Parque Nacional Aconquija para descender desde Ciudacita hasta el Portal Cochuna (Tucumán). La ruta de descenso que se usaría, fue recorrida un año antes por un equipo de socios de la AAM que realizó el ascenso a Ciudacita desde Tucumán ( https://aamtuc.org/2021/06/16/ruta-nueva-a-la-ciudacita-por-tucuman-8-al-13-de-junio-de-2021) Esta travesía al tener el carácter de solo ida implicaba 3 puntos importantes que se diferenciarían en la logística de una visita tradicional a La Ciudacita:

  • Transporte Tercerizado: No se usaría automóviles personales para llegar y retornar de los puntos de partida (Catamarca) y llegada (Tucumán).
  • Día Adicional: el retorno por Tucumán implica 1 600 m de desnivel y 9 km de distancia adicionales por lo tanto se necesita un día extra.
  • Mochilas Pesadas: no se usarían mulas por lo que todo el equipamiento tendría que ser cargado por nosotros mismos (ropa, calentador, marmita, carpa y alimentos para 5 días)

24/5 ~ San José

    La expedición arrancó a las 18 h saliendo de la Terminal de Ómnibus SMTUC en la empresa Aconquija con destino a San José (Catamarca) donde pasaríamos la noche a 1 900 msnm.

    El viaje duró 5h 30m y al llegar, Alfredo Escudero (Socio AAM) nos esperaba para llevarnos al alojamiento donde dormiríamos esa noche. Como es en los valles y en esta época del año más aún, para las 23:30 h ya estaba todo cerrado y la tropa tenía hambre, por lo que buscamos un lugar para cenar y por suerte encontramos uno cerca de la plaza principal que todavía no había cerrado la cocina. Sanguchón de milanesa y gaseosa para todos (por un pelín zafamos de cenar frutos secos)

    Tipo 00:45 fuimos descansar porque al otro día Alfredo nos buscaría temprano para trasladarnos al punto de partida de la travesía en la Estancia El Tesoro. Esta Estancia (perteneciente a la familia Escudero) es muy significativa ya que desde tiempos inmemoriales fue y es el punto de partida para las expediciones a los Nevados del Aconquija.

25/5 ~ Estancia El Tesoro

    A las 8 h nos pasaron a buscar con 2 camionetas para llevarnos a la Estancia El Tesoro

(2 600 msnm) donde Sofía (hija de Alfredo y socia AAM) nos recibió con un desayuno riquísimo: mate cocido con pan y dulce de membrillo caseros. Mientras que le entrabamos duro al desayuno llegó Gladys (hija de Alfredo y socia AAM) y nos mostró su herbolario: una repisa llena de variedades de hierbas de montaña recolectada por ella misma. Estaban disponible a la venta y varios se llevaron sus yuyitos para el té o mate. Todo esto en un ambiente familiar en el que Ulises es como de la casa y algunos otros ya habían compartido salida a los Nevados con las chicas. Ese ambiente dio un plus anímico, para arrancar la jornada.

    Terminado el desayuno nos enfocamos para comenzar la expedición, que en un primer tramo nos acompañó Alfredo, dando unas indicaciones para facilitarnos el camino. Sería un día caluroso atravesando una región árida por lo que nos preparamos con ropa liviana, protector solar y el agua necesaria (2 lts). En esta primera fase se ascendió 1000 m de desnivel distribuido en 10 km de distancia, por lo que la inclinación de la pendiente era muy suave. En el trayecto íbamos encarando los Nevados del Aconquija observando de izquierda a derecha el Tipillas (4 300 msnm), el Tesoro (5 460 msnm), el Filo Áspero (5 400 msnm) y el Clavillo (5 550 msnm). Emiliano me iba contando relatos de cada uno y en mi interior se iba desenvolviendo gradualmente el anhelo por estos posibles próximos destinos. 

    Luego de caminar 7 h 30 m llegamos a Piedra Pintada (3 600 msnm) donde realizamos el primer campamento. Aprovechando que no era área protegida y que el lugar permitía un fuego controlado, juntamos leña y disfrutamos de la magia que se genera a la vuelta de un fuego de montaña. Habiéndole sacado un par de horas al día desarmamos la reunión para retornar a nuestras carpas, cenar y descansar. Al próximo día teníamos que llegar a la altura máxima de desnivel positivo para entrar al Parque Nacional Aconquija y comenzar el camino de bajada.

26/5 ~ Paso del Inca

    A las 9 de la mañana comenzó el segundo tramo de la expedición subiendo hasta un morro

(4 000 msnm) donde nos mentalizamos el ascenso al punto más alto de la expedición. Los que ya fueron nos recomendaban que nos llenemos de paciencia, porque sería una de esas subidas que cuando crees que estás llegando, aparece un nuevo desnivel a superar.

    El ascenso arrancaba una vez que se bajaba 150 m para comenzar el ascenso nuevamente por la zona del río Pajanguillo (nombre que se le da al curso de agua que desciende por esa cuenca). Se comenzaría a experimentar una transición en el paisaje con el arroyo y el hielo en sus orillas, lo cual también evidenciaba el cambio de temperatura en el ambiente. De alguna forma, el nuevo paisaje, el fresco en la cara y el ruidito del agua… hacia más llevadera la subida de esta jornada.

    Después de 900 m de desnivel acumulado me invade una sensación extraña. Según mi entendimiento el segundo día llegábamos a los 4 500 y ya estábamos allí según mi altímetro, pero el frente de la expedición seguía caminando y subiendo a una muralla interminable. Mi cerebro no procesaba qué estaba sucediendo. Solicité entendimiento al más cercano y me actualizaron que el paso estaba a los 4 800 msnm. ufff… ¡Qué quiebre! Ahí tuve un recuerdo relámpago que, si bien había chequeado la información de inicio y final, no le había prestado atención a los tracks que revelaban este pequeño gran detalle. Por este descuido ahora tenía que ajustar sobre la marcha la idea de 4 km de distancia con 300 m por subir y bajar adicionales. A partir de ahí mi ritmo enlenteció considerablemente; de alguna forma mi cuerpo estaba tratando de autorregularse, recalculando la energía para poder llegar al segundo campamento.

    En ese último trayecto apareció el verdor de las vegas que cortaban el gris de fondo. El agua fluyendo por celdas esponjosas y también había como piletas circulares de agua congelada: un escenario que invitaba a tomarse un descanso regenerativo. Fernando nos asistió a Juan, Ibonne y a mí que veníamos al final a un ritmo más lento para llegar juntos a reagruparnos con el grupo, antes del cruce final. De ahí, todos juntos hacia el Abra del Inca: paso de Catamarca a Tucumán y punto divisorio entre el Cerro de las Animas (hacia el norte) y los Nevados del Aconquija (hacia el sur).

    En el paso corría mucho viento y hacía mucho frío. Sin que nos diéramos cuenta Ulises había seguido camino (le hacía mucho frío, dijo) mientras los demás nos sacamos fotos y recuperábamos el aliento. Habiendo recuperado el ánimo emprendimos la bajada para acampar en Campo Colorado. Ahora si, llegado los 4 500 msnm del lado tucumano, una nueva situación apareció cuando no encontrábamos a Ulises. La gente comenzó alucinar que lo veían mucho más abajo, yo miraba el altímetro en 4 500 y no estaba dispuesto a caminar un paso más. Nos querían convencer que lo veían y que estaba de campera blanca (cuando en realidad era turquesa). Haciendo caso omiso a este delirio de altura, descubro que el campamento estaba a nuestra derecha tapado por una pequeña loma. Ese día estaba tan exhausto que hicimos la carpa y me guardé hasta el otro día. El recorrido final fue de 9,5 km con 1 200 m de desnivel positivo y 300 m de desnivel negativo.

Al recordar una enseñanza de Carlos Soria (el destino no es la cumbre, también hay que poder volver a casa) me quedé reflexionando en la importancia del conocimiento previo de los esfuerzos a realizar. Un error como este no solo me perturbó en lo personal, sino que también tiene un grado de repercusión en lo grupal.

27/5 ~ La Ciudacita

    El tercer día se promocionaba como el día más fácil de la travesía: con el tramo de menor desnivel y menor distancia recorrida. Dada estas características se acordó que se dispondría de tiempo extra para disfrutar de nuestra visita al sitio arqueológico la Ciudacita.

    Comenzamos a descender haciendo un faldeo en el que se tuvo que cruzar 2 o 3 bajadas de agua congeladas. La verdad es que no estuvieron tan fáciles y tenían su nivel de riesgo. Comencé a reflexionar sobre una palabra que venía escuchando desde que entré a la Asociación: Tecnicismo.

    Después de 4 km de faldeo llegamos al sitio arqueológico y yo trataba de encontrar dónde estaba “La Puerta del Sol” símbolo por la cual asociaba a La Ciudacita. Ulises explicó que estábamos en el Pueblo de Arriba, que si seguíamos el sendero encontraríamos el Qhapaq Ñan (“Camino del Inca”) que te lleva hasta el Pueblo de Abajo donde se encuentra la plaza ceremonial y sitio astronómico y de otros destinos por descubrir; allí encontraríamos la mítica Puerta del Sol por donde aparece el Sol en el solsticio de verano.

    Después de disfrutar observando y escuchando historias sobre las construcciones del pueblo de arriba decidimos con Emiliano ir a comer nuestro almuerzo en el pueblo de abajo. Al emprender la bajada por el Camino del Inca ( “Qhapaq Ñan” ) lo encontramos a Rubén que nos detiene para mostrar el lugar y contar la historia del gran hallazgo casual, de un cántaro (aríbalo) de cerámica incaico de una expedición del 2002, conducida por nuestro socio Raúl González Aguirre (Pichón) (https://aamtuc.org/2020/08/17/los-incas-en-tucuman-el-aribalo-de-la-ciudacita-un-testimonio-mas-de-su-presencia-cronica-de-un-encuentro/).

    Llegados al Pueblo de Abajo apareció la plaza ceremonial y su famosa Puerta del Sol. El lugar es realmente mágico: la plaza como si fuera un balcón hacia la llanura, un mirador mucho más arriba de las nubes. A la izquierda el rio Pavas, a la derecha el Jaya; por un momento vimos la Laguna del Tesoro, pero se cubrió en menos de 5 min. Se podía ver el Valle de Aconquija (las Estancias) y en el horizonte el imponente Cerro El Manchao (4 550 msnm).

    Una vez terminada la visita al sitio arqueológico la Ciudacita (4 350 msnm) teníamos que proseguir camino para acampar al lado del rio Jaya (4 000 msnm). Cuando nos muestran cual era la ruta para descender, más de uno quedó perplejo ante semejante acarreo. Bajar 400 mts en tan solo 1,5 km por una delgada senda de guanacos. En ese momento recordé que alguien la mencionó como la “bajada Trambólica”. Todo el misticismo de La Ciudacita se esfumó con la llegada una sensación de alerta, vértigo y pánico. El easyTrek que veníamos teniendo se transformó en Parkour de Montaña: estaban los que bajaban caminando, los que se deslizaban, los que se caían, se pudo contemplar hasta un backflip tipo spiderman que nos dejó helados a todos.

    Cuando menos nos dimos cuenta ya estábamos todos abajo sanos y salvos. El único tema fue que ahora había que volver a subir unos 50 m de desnivel para acampar del otro lado del río Jaya. Finalmente, el día había terminado sin mayores problemas. Me fui a dormir reflexionando en el día “más fácil” de la expedición. A modo de broma alguien sugirió que no estaría mal un cartel de advertencia: “Descienda solo si es Guanaco” (no me parece desacertado)

28/5 ~ Pajas Amarillas

    Como mi mayor logro (desde que comencé el montañismo) no superaba los dos días de caminata, yo esperaba que para el cuarto día la dificultad, comience a disminuir. La realidad es que mis expectativas eran bastante ingenuas; nos deparaba el día más duro de toda la expedición con una jornada de 10 h. Por tal motivo, la idea era levantarse más temprano de lo usual para comenzar a caminar a las 7,30 h y llegar al Puesto de Pajas Amarillas para las 17 h.

    Otra particularidad del cuarto día es que, si bien había que descender hasta los 2 350 msnm, la jornada arrancaría ascendiendo varios metros de desnivel antes de comenzar a bajar. Como no había amanecido todavía, comenzó el ascenso con linternas prendidas. Me alegré al contemplar un vigor especial, este día arrancaba con una energía renovada y de alguna manera no sentía dificultad en la subida. Iba segundo atrás de Ulises que avanzaba faldeando la ladera y por partes había lugares muy escarpados que había que cruzar. Aproximadamente al 1,5 km comienza la bajada la cual venía con piedras sueltas por un lugar bastante empinado. Se enlenteció significativamente la marcha del grupo y surgió un comentario que sugería que no veníamos a los ritmos esperados. En lo personal creo que esa bajada abrupta de alguna forma de nos traía recuerdos de la bajada trambólica del día previo.

   Llegando a los 3 700 msnm se comienza a faldear por 3 km sin perder altura. El paisaje era un espectáculo, una inmensidad nos rodeaba por todos lados. La ladera por la que se transitaba era la del cerro Bayo (5 100 msnm). Yo iba tomando notas mentales de mi lista de deseos a realizar. En un momento paramos a descansar y reagrupar en el portezuelo Jaya-Cochuna. Rosario me dice que le dolía el pie porque venía caminando con una piedra en la bota. Cuando me fijo tenía un cráter en el talón, la piedra había perforado la media y la piel. Saqué el medikit y le hice una intervención con goma eva que le sirvió para continuar la travesía. Pero María aprovechó la ocasión para revelarnos un dato no menor. Nos contó que Ro, caminó todo el día anterior con un tenedor dentro la bota… fakirismo de montaña? La piedra, el tenedor… no tenía mucho sentido, pero había que continuar.

    A partir de los 3 600 msnm comenzó la bajada definitiva. Para ese momento tenía los pies todos ampollados y esos 1200 m de bajada los sufriría en cada paso que daba; una bajada eterna! En un momento ya se veía el puesto de Pajas Amarillas, pero a pesar de caminar sentía que no llegábamos más. En un momento cambió el escenario, de pastizal de altura al bosque montano. Aparecieron las queñoas y el primer aliso, cada vez nos adentrábamos más en las yungas. Caminábamos ya tapados por árboles y se sentía el rio Cochuna. Todos estos cambios me sacaban momentáneamente el dolor de pies, pero a pesar de seguir bajando, no llegaba.

    Finalmente, en algún momento ya estábamos abajo y nos reagrupamos. Preparados con bandera AAM en alto para arribar al puesto, triunfantes. Ariel nos esperaba en el puesto, se prendió un fuego para tomar algo calentito. Preparamos un guiso pulsudo, con todos los ingredientes que generosamente había dejado organizado Javier López (gracias, gracias, Javier), jugamos al truco y luego cenamos doble ración para calmar a la bestia. Esa noche dormimos en cama e incluso nuestra pieza tenía una salamandra. Por la noche hasta sentimos calor (“que lujo!”) cómo remontó la expedición!!.

    El cuarto día coincido que fue el más duro terminamos haciendo 15 km de distancia con un desnivel positivo de 200 m y negativo de 1700 mts.

29/5 ~ Día 5 | Portal Cochuna

    Al levantarnos nos encontramos a Ibonne amasando para el pan del desayuno. El grupo se comenzó a agrupar a la vuelta del hogar, todos calentitos colaboraban con los últimos alimentos para desayunar. Este espíritu generoso encubría la necesidad de liberarse de peso para caminar lo más liviano posible el último día.

    Mientras desayunábamos me hice unos vendajes para las ampollas en los pies ya que todavía se venían un descenso de 1 400 m distribuidos en 16 km. El día tenía pronóstico de lluvia, pero no apareció hasta el puesto de la Laguna del Tesoro donde nos encontramos con el otro grupo de 9 compañeros del Club, que nos esperaban

    Este grupo de socios liderados por Nadia y Edgardo habían ascendido el día anterior y la idea era encontrarnos tipo 11 h para retornar todos juntos al Portal Cochuna (1 000 msnm). El encuentro fue muy emotivo, charlamos a la vuelta de un fueguito mientras nos preparábamos para continuar. Gradualmente comenzaron a bajar por tandas, había que estar a las 16 h abajo. Los últimos en partir fuimos Ulises, Fernando, Martín y yo, que nos quedamos tomando un mate cocido y comiendo lo último que quedaba de provisiones.

    Esa última bajada fue espectacular! Abundaba la lluvia, el barro y había que cruzar como 10 veces el arroyo Sonador. El agua helada fue de gran ayuda para calmar el dolor de pies y las ampollas que traía. Para las 15.30 ya estábamos abajo y el personal del Parque que estaba realizando sus tareas, tenía un hogar prendido, en el cual pudimos cambiarnos de ropa calentitos y alistarnos para el retorno a nuestras casas.

Agradecimientos y Comentarios Finales

    La verdad que todo salió redondo. Cuando pienso en la dimensión de semejante travesía, toda la planificación y logística no puedo dejar de sorprenderme y sentir gratitud por ser parte de esto.

    A las autoridades del Parque Nacional Aconquija, en la persona de su Intendente Guardaparque Gerardo Carreras, por el permiso especial otorgado para realizar esta travesía, que era un anhelo que desde hacía unos años la AAM deseaba realizar y lo veníamos gestionando.

    A la familia Escudero por la cálida recepción (el alojamiento, el traslado y el desayuno) que nos aseguró un bueno comienzo de la travesía. Como también a Nadia y Edgardo que llevó al otro grupo de socios para recibirnos a la vuelta. A todos los que pusieron sus vehículos y guardaron lugares para que retornemos cómodamente a casa (especialmente al padre de Emiliano y al esposo de María (Adrián) que se vinieron desde Tucumán exclusivamente a buscarnos)

    Un aprecio a la invaluable experiencia de Ulises como guía y la asistencia incondicional de Fernando en los momentos críticos. Un agradecimiento especial a los que enriquecieron el viaje con sus relatos y conocimientos: Emiliano en geografía y de Martín en arqueología.

    A todos los que hicieron el esfuerzo de participar a pesar de sus compromisos personales (que algunas veces son tan difícil de dejar a un lado), especialmente a Rosario (compañera del CIM) por apostar a la travesía estando a tan sólo 3 semanas de entregar su tesis. En esto ayudaron mucho, María e Ibonne que le insistieron cotidianamente para que no se lo pierda.

    Finalmente, una sensación de gratitud y orgullo al ser parte de la AAM, que nos permite hacer un tipo de montaña que no la podría experimentar de otra forma. El grupo humano, la diversidad de edades, las capacidades y conocimientos personales, el equipamiento facilitado, las relaciones institucionales… me quedo corto para describir todo lo que implica tener una experiencia como esta. La única forma de llegar a vislumbrar todo lo que esto implica es abrirse a vivir la experiencia, vivir la montaña, vivir la AAM!

José Ignacio Monmany