Expedición al Nevado del Chañi 30 de abril al 3 de mayo de 2026

Por nuestras compañeras: Giuliana Domínguez, Gladys Escudero Tarifa, Maru Cancino, Mariela Gutiérrez, Nadia Díaz y María Cavagna

Relato 1: Gladys Escudero Tarifa

Agradecida y contenta he regresado a casa (El Tesoro).

Nevado del Chañi me he sorprendido nuevamente. Me recordó lo fuerte que soy, a veces olvidamos la fuerza que llevamos dentro.

Fue maravilloso estar al lado de cinco mujeres compartiendo, disfrutando, aprendiendo ayudándonos.

En los momentos difíciles seguíamos avanzando porque nos teníamos la una a la otra. Todas nos acompañamos

La montaña es un ser muy amable, hermoso cálido. Podría decir tantas palabras bonitas, lo resumiría en armoniosa

Pero también es exigente, salvaje, despiadada. No perdona si te equivocas.

Cuando vamos a una montaña en el fondo sabemos que habrá momentos que no serán agradables, como cuando la mochila pesa, te duele la cabeza, te hace frío o tenés mal de altura, o simplemente no querés salir de tu bolsa de dormir.

Todos esos momentos son llevaderos y soportados cuando hay a tu lado alguien acompañándote, animándote.

Y la recompensa es poder ver la inmensidad de la naturaleza, paisajes que nunca imaginaste y también la calidez y generosidad de las personas y la posibilidad de conocerte más.

Agradezco al Apu Chañi: salir de mi casa no fue fácil por muchas razones, entre ellas miedo, pero con todo eso fui.

Increíblemente todo eso desaparece cuando ya estás en marcha.

Me tomo el atrevimiento de recordarles que tengan sueños, anhelos, desafíos

CREO que de ahí viene la fuerza, la determinación, la fe de creer que, si es posible, que sí se puede

Un honor compartir con mujeres que aman la montaña: gracias María (líder) Maru (imparable) Mariela (perseverante) Nadia (fortaleza) Giulli (determinación y valentía)

Gracias a la Asociación Argentina de Montaña muy amables y generosos: que su institución crezca cada día y que sea un hogar, un lugar para compartir, de aprendizaje y crecimiento para todos los que llegan.

Gracias a mi Familia Escudero Tarifa

Gracias, Gracias, Gracias

Relato 2: Mariela Gutiérrez

Cumplir 50 años merecía algo más que una celebración tradicional. Quería regalarme una experiencia que quedara grabada para siempre, algo que hablara de esta etapa de mi vida, de lo recorrido y de todo lo que aún sueño vivir. Y así nació la idea de festejarlo rodeada de amigas, en la inmensidad de la montaña, con el corazón lleno y los pies en camino hacia el majestuoso El Chañi.

Hacía tiempo que escuchaba hablar de esta montaña con una pasión contagiosa en la voz de Chuichuy. Cada relato despertaba más mi curiosidad: sus paisajes imponentes, su energía única y esa mística especial de saberla una montaña sagrada. Algo en mí sintió el llamado. Supe que algún día tenía que ir.

Y qué mejor momento que mis 50. No como una meta cumplida, sino como un nuevo comienzo.

Compartir esta aventura con amigas como María, Nadia, Maru, Giulli y Gladys (a quien recién conocía, pero que fue como si la conociera de toda la vida) hizo todo aún más especial. Entre risas, alientos, esfuerzo, silencios contemplativos y abrazos sinceros, cada paso tuvo un significado. La montaña nos recibió con su grandeza, recordándonos lo pequeños que somos y, al mismo tiempo, lo inmenso que puede ser el espíritu humano.

Celebrar la vida allí, rodeada de personas queridas y bajo el cielo infinito del Chañi, fue mucho más que un cumpleaños. Fue un ritual personal, una forma de agradecer lo vivido, honrar mi camino y abrirme con humildad y entusiasmo a todo lo que viene.

Porque hay lugares que no solo se visitan: se sienten, se respetan y transforman. Y El Chañi, sin dudas, fue uno de ellos.