Expedición a El Zarzo (4.996 msnm) del 22 al 26 de mayo de 2026

Por nuestros compañeros: Juan Pablo Díaz, Rubén Goñi y Miguel Mostajo

Relato: Miguel Mostajo

MI PRIMER 5.000

Hay montañas que se conquistan con las piernas, y otras que se conquistan primero en la cabeza.

Yo venía haciendo algunas salidas de dificultad media/alta, y venía con los ánimos bien arriba y ya había escuchado que la subida al Zarzo era de las más complejas, ya que se debe subir desde los 2400msnm y en un recorrido de casi 20km, llegar hasta los 5000 msnm.

Algunos de los  más experimentados y fuertes (y jóvenes) lo realizan en 3 días (ida y vuelta). 

Cuando llegó la invitación de Rubén, el mayorcito y ejemplo del club, que a sus 78 años sigue demostrando que los sueños no tienen fecha de vencimiento, junto a Juan Pablo, aceptamos el desafío sin imaginar todo lo que la montaña tenía preparado para nosotros.

Para mí era realmente un Honor que Rubén me invitara a realizar semejante  travesía. Eso significaba muchas cosas para mí, entre ellas, que Rubén a su edad  y sus años de montaña, quiera seguir planteándose desafíos, y que confiara en mí, para ser parte de su historia. Realmente era de un honor y un orgullo enorme, pero también significaba una gran responsabilidad y compromiso, que decidí asumirlo y no defraudarlo.

La planificación comenzó poniéndole fecha a la travesía, que un principio, sería de 3 días, pero que, luego de consultar a los que ya habían realizado esta salida, (Fer, Adrian, Cyn, Nicolás, Ulises),y que siempre están para aconsejar y alentar a cumplir los retos de cada uno, decidimos planificarla para 4 días.      

Las semanas previas, a través de un par de reuniones, empezamos a estudiar el pronóstico, los tracks, comidas, equipos, tiempos de caminata de cada día, etc etc.

Finalmente llegaron esos días previos,  y creo que, mi mente me quería boicotear, porque empecé con dolor de cabeza, con síntomas de algún resfrío y hasta con dolor de rodilla, pero traté de no prestarle atención y dejar que esa vocecita boicoteadora, siga hablando. Yo había asumido el compromiso y estaba totalmente dispuesto a cumplirlo.

Día 1, paso a buscar a Rubén, a las 5 AM, como habíamos acordado, y luego a Juan Pablo.  Llegamos al pto de ascenso (estacionamiento de la senda que sube a la Cascada de Los Alisos) y luego de los preparativos comenzamos el ascenso a las 8 h aproximadamente. El día pintaba frío, pero era como lo habíamos estudiado, así que arrancamos bien abrigados, con el peso de la mochila y no solo por lo que llevábamos dentro, sino, por la responsabilidad y la ansiedad de cumplir el objetivo propuesto. Los pensamientos empezaron a circular por la cabeza, tantos de aliento como de esas vocecitas desalentadoras, que no dejaban de hablar.

El camino hasta la cascada, está bien marcado, pero pasando la segunda cascada, ya cruzando el río El Mollar, (es el que forma la cascada), la senda comienza a desaparecer, señal, de que para esos lugares, no son tantos los locos cómo nosotros que frecuentamos.

Siguiendo el tracks, entre acarreos interminables y luego de cruzar varias vegas y ríos incipientes, con los pies llenos de barros y las medias mojadas, tipo 18 h, llegamos a lo que sería el Campamento 1. Bastantes cansados y con hambre, armamos la carpa y nos metimos dentro. El frío se empezó a sentir y la carpa era un excelente refugio contra el viento. Veníamos de pocas horas de sueño y un primer día de caminata muy dura, donde arrancamos a las 2400msn y luego de un poco más de 6 km, 1.600 m de desnivel y 10 horas de caminar, llegamos a los 4000 msnm, así que la idea fue, hacer una polentita caliente con queso, comer y a dormir, porque al otro día nos esperaba otro día largo de caminata.

Día 2: Después de la primera jornada agotadora, y considerando que esta segunda jornada, venía más tranqui, decidimos despertarnos a las 7 y empezar a preparar todo para arrancar. La mañana estaba muy fresca y la vega congelada, por lo que teníamos una sola botella grande de agua y cada uno, tenía su botellita más chica para el camino. El cafecito mañanero, ideal para comenzar la jornada con energía, nos calentó un poco y nos dio valor para salir de la carpa. Luego de desarmar la carpa y terminar de armar la mochila, arrancamos la caminata tipo 9 hs, conscientes de lo que se venía, seguir subiendo hasta los 4500 msnm y luego bajar un poco hasta los 4400msnm, donde llegaríamos a la zona del 2do campamento.

La senda seguía sin aparecer y seguía casi los mismos patrones del día anterior, mucho acarreo, pastizales y vegas, pero en este caso, todas congeladas. La dificultad en nuestro andar aumentaba y con ella, el peligro de un mal paso. Llegado el mediodía, paramos a almorzar y a seguir caminando, guiándonos por el track que a veces nos engañaba, y parecía haberse aliado con la montaña para despistarnos.

La tarde se acercaba y el track, todavía nos indicaba que faltaba un buen trecho para llegar al C2. Llegamos a una vega y al tratar de recargar agua, que ya nos era escasa, nos dimos que estaba toda congelada, pero con ayuda de mi bastón logré romper un tramo de hielo y llegar al agua, que si bien estaba un poco estancada, nos venía bien tomarla.

Si bien  de acuerdo a nuestro análisis previo, esta segunda jornada sería un poco más tranqui, parecía que la montaña nos daba, una vez más, una lección, nunca subestimarla.

Los enormes paredones de piedras nos cerraban el paso y el Zarzo nos observaba desde arriba preguntándose si realmente merecíamos llegar.

En ese momento recordamos unos de los tantos consejos de nuestros amigos, no asustarse, jeje y faldear esas murallas. Finamente, pudimos sortear esa mala perspectiva y seguir adelante.

La noche se acercaba y el 2do campamento parecía que se alejaba, Rubén, muy cansado nos pedía que sigamos con Juan y busquemos ese 2do campamento y que vayamos armando la carpa, que él llegaría un poco más tarde. Me opuse totalmente a esa propuesta y decidimos seguir, un poco más lento, pero los 3 juntos.

Finalmente, a las 20 h, llegamos al lado de un pequeño riachuelo, que sería el lugar para armar el 2do campamento.

Esa noche, me sentía un poco descompuesto, parecía que el agua que había sacado de la última vega, me provocó un poco de malestar estomacal, por lo que entre el cansancio y ese malestar, decidí tomar solo un té con galletitas y a dormir.

Era tal el cansancio que teníamos los 3 que ninguno dijo nada acerca del día posterior. Esa noche corrió mucho viento que por suerte la carpa lo banco, y nosotros nos sentimos bien protegidos dentro.

Día 3: En los planes, teníamos pensado levantarnos a las 5y30 y atacar la cumbre, pero debido al cansancio de los días previos, nos dormimos hasta las 7y30hs. No teníamos un plan “B”, y entre charlas y acuerdos, decidimos igualmente ir hasta la cumbre y dependiendo de la hora de regreso, haríamos otra noche en el Campamento 2, o, llegar al campamento 2, desarmar y bajar un poco más hasta que nos agarre la noche y acampar, así, el 4to día, nos quedaría para bajar hasta el vehículo.     

Siendo las 9 h, partimos con poco peso en las mochilas, hacia la codiciada cumbre, mi primer 5000 que también lo era para Juan, pero para Rubén era ese 5000 que se le había negado anteriormente.

Esos últimos 5km con un desnivel de +600m, que a priori, como siempre, parecían fácilmente alcanzables, pero que en el terreno, se ven muy distintos.

Luego de 4 h de caminata y entre paradas obligadas por el fuerte viento y las de reabastecimientos de energía, llegamos a la cumbre a las 13 h. La emoción que eso nos generó, fue comparable con la obtención de un título, de cualquier deporte, de cualquier carrera universitaria. Esa meta de la que te venís preparando y que sabes que es difícil, pero con el objetivo firme, lo alcanzas.

Pero el orgullo más grande que sentí es haber formado parte del equipo que hizo  que en la vida de Rubén, exista un logro más, ese logro que por distintas circunstancias, le fuera esquivo 3 veces antes.    

 Luego de varias fotos y con el frío viento pegando en nuestro rostro y manos, comenzamos el descenso hacia el Campamento.  Ese trayecto nos devolvió la fuerza anímica,

Ya en el campamento, que llegamos a las 17 h, aproximadamente, decidimos quedarnos a descansar y salir a la mañana siguiente.

Yo seguía con mis retorcijones de estómago, por lo que decidí no comer nada esa noche, y, nuevamente, tomar solo un té caliente con galletitas.

El viento sopló nuevamente esa noche y el frío se hizo sentir aún más.

Día 4: El despertador sonó a las 5 de la mañana, habíamos calculado ese horario, porque teníamos la intención de bajar ese día, directamente hasta el vehículo, sabiendo que llegaríamos ya entrada la noche.

El frío hacía más lento nuestros movimientos y al salir de la carpa, el viento me hizo saber quién manda a esas alturas.

Siendo las 7 de la mañana y después de varios intentos por desarmar la carpa, pudimos terminar de armar las mochilas y comenzar el descenso.

Entre la oscuridad y el viento frío, se hacía imposible mirar el celular con el track, y comenzamos a caminar en una dirección, debíamos subir hasta los 4500 y recién allí comenzar el descenso. Al transcurrir una media hora de caminata, y todavía en plena oscuridad y fuertes vientos, sentíamos que nos estábamos yendo en otra dirección, me animé a sacar el celular del bolsillo y sacarme el guante y verificar con el track, cuando nos dimos cuenta que nos estábamos dirigiendo en otra dirección, por lo que retomamos buscando el camino nuevamente.

Las subidas y bajadas se sentían más aún en esta etapa, las piernas no respondían como el primer día, pero el orgullo y la cabeza seguían empujando.

Por fin, el sol asomaba y esa claridad nos daba el respiro y la fuerza que necesitábamos para continuar. Por mi cabeza pasaban pensamientos, recuerdos y esas añoranzas de llegar a casa y darme un baño con agua caliente, sentir esa comodidad hogareña. Eso también te da la montaña, el valorar las cosas simples de un hogar, y que con el trajín de la vida diaria, la tenemos tan naturalizada que no le damos el valor y el agradecimiento que se merecen.     

 A medida que caminábamos, parecía que nos ponían más lejos la zanahoria, y no avanzábamos más. El tiempo transcurría entre acarreos, vegas congeladas, descensos y ascensos, las paradas para descansar eran más frecuentes. El objetivo era llegar este mismo día, por más que se haga de noche, así que los silencios entre nosotros eran más largos, será por el cansancio o por la concentración en no dar un paso en falso que significaría alguna lesión o caída poniendo en riesgo nuestra integridad física.

Llegó el mediodía y la última parada a almorzar. Esta parada fue breve, tal vez porque sabíamos que veníamos retrasados, pero ninguno hizo ese comentario, solo dijimos vamos y nos levantamos y seguimos caminando.

El track, todavía me indicaba que estábamos lejos de la cascada. Llegar a ese punto me daba confianza y un parámetro de nuestra velocidad en la bajada, ya que de ahí para abajo la senda estaba bien marcada, y nos permitiría bajar ya de noche.

Se hizo las 18 y 30 h, y ya habíamos pasado por lo que fue el campamento 1, pero todavía no llegábamos a la cascada. Sacamos nuestras linternas y seguimos bajando. El paso en la oscuridad se hizo más lento, por la dificultad del terreno, la poca visibilidad y el cansancio.

A las 20 h, y ya habiendo descendido hasta los 3.300 msnm, aproximadamente, llegamos a un claro a orillas de una vega, detuvimos unos segundos nuestra caminata y cómo si ya nos conociéramos, nos miramos y dijimos, nos quedamos a hacer noche acá, es preferible perder un día de trabajo, pero llegar enteros a casa. El lugar estaba ideal, un claro casi llano, sin vientos y a orillas de una vega para poder recargar agua, para continuar al otro día con la claridad del día y más descansados.

Celebramos esa decisión, nos sentamos, sacamos la mochila y descansamos un poco. Al rato comenzamos a armar la carpa, luego de eso, me fui a cargar agua para tomar algo caliente. Cargué mis botellas y cuando quise salir de la vega, mi calzado, que ya no eran las botas de treking, se atascó en el barro y perdí estabilidad, empecé a rodar vega abajo, y cuando me pude parar, me quedé un rato quieto y a reírme de mí mismo. Quedé todo lleno de barro, pero con la alegría de que habíamos tomamos la mejor decisión. Una vez más la montaña nos daba una lección, no “subestimar la bajada”. En algunos casos es igual o peor que las subidas.

Entré a la carpa riéndome y los chicos me miraban como diciendo ¿y este loco? ¿Qué le pasa?, pero cuando me vieron todo embarrado, entendieron de que me reía.

Me saqué las medias y dejé los pies fuera de la carpa para que se me secaran un poco antes de ponerme las medias secas. Rubén quería cerrar la puerta, porque ya le hacía frío, así que al rato entré los pies, me saqué el pantalón, que también estaba con barro, me puse mi “pijama” y cerré la carpa, me metí dentro de la bolsa y la cena quedó olvidada en medio del cansancio y los ronquidos.

Día 5: A las 6 de la mañana sonó el despertador, pero sabiendo que nos quedaba poco por bajar y que ya no era el apuro de llegar a casa para cumplir con nuestras obligaciones laborales, decidimos quedarnos un rato más acostados.

Con los primeros rayos de sol, siendo las 7y30 aproximadamente, nos levantamos y empezamos a prepararnos para la bajada. Esta vez, sin vientos, pudimos doblar la carpa, y con la calidez del día, guardamos la ropa de abrigo.

Emprendimos la bajada a las 9 h. El descenso se hizo más ameno,  más descansados y seguros por el camino de debíamos tomar. Cuando llegamos a la zona de la cascada, y como se dice, “el alma me volvió al cuerpo”, ahora sí, tenía esa sensación del objetivo cumplido, nos quedaba un camino más conocido hasta la camioneta.

Cerca de las 13 h llegamos finalmente a la camioneta y el abrazo de alegría y orgullo, no se hizo esperar.

Esta travesía, como muchas otras, dejó muchos aprendizajes, en lo personal y en lo grupal.

Al regresar comprendimos que la verdadera conquista no había sido llegar arriba. La montaña nos recordó que nunca debe subestimarse, que el trabajo en equipo vale más que cualquier marca personal y que la experiencia no se mide en años, sino en la capacidad de seguir soñando.

Y quizás la enseñanza más valiosa fue otra: después de varios días de frío, cansancio y esfuerzo, aprendimos a valorar nuevamente las cosas simples. Un techo, una ducha caliente, una comida compartida y el abrazo de quienes nos esperan en casa.

Porque algunas cumbres se alcanzan en la montaña, pero las lecciones que dejan nos acompañan para toda la vida.


Una vez más gracias a este enorme equipo que es la AAM, donde en todo momento nos acompañaron y alentaron a realizar esta expediciónn